lunes, 26 de enero de 2015

El mundo bajo los espejos

Te decides a emprender el viaje y de golpe el frío envuelve cada centímetro de tu piel. Por muy preparado que estés, son dos segundos de terror, pero que pasan. Luego, ese frío te abraza, se ajusta a la temperatura de tu cuerpo y se convierte en una nueva capa de piel que te protege.

Te das cuenta de que caminar es inútil. No sólo no se puede, sino que no es necesario, pues flotas, casi vuelas. Ponerte de cabeza es tan sencillo como pensarlo. Vas de un lugar a otro como un ave, eso sí que... lento. Está prohibido moverte rápido. Pero sólo tú. Los de allá se mueven como un rayo.

Las reglas en ese lugar son otras, muy diferentes a las que estamos acostumbrados. Y las respetarás aunque intentes no hacerlo, porque así es ese mundo:
  • Casi no hay sonido y, con seguridad casi todo lo que escuches será el ruido que tú mismo haces como invasor en un lugar al que no perteneces. Además, si llegas a escuchar algo, no sabrás de dónde viene. Ahí el sonido viene de ninguna y de todas partes al mismo tiempo.
  • A pesar de que en algunos lugares se ve muy bien, hay menos luz que la que tenemos acá y además es... como diferente. La luz es diferente. Sí, hay sol, pero... te topas con el efecto Tyndall al dar la vuelta, en cada vuelta, a mitad de camino, a tus lados, adelante, atrás. No necesitas esperar la puesta de sol para ver esos hermosos rayos que atraviesan el paisaje. En algunos espacios hay tan poca luz que se pierden los colores. Primero el amarillo, luego el rojo, el verde, y finalmente el azul. En primavera el problema es serio, porque además hay tantas partículas en suspensión que no ves a más de 10 metros. A veces menos.
  • Las cosas no "caen por su propio peso". Las piedras sí, pero muchas cosas son atraídas hacia los espejos. Otras se quedan ahí, donde las dejaste y pueden tardar mucho en llegar hacia donde son (lentamente) atraídas. 
  • No puedes quedarte. He sabido de algunos valientes que han pasado allá un par de horas, pero lo normal es que sea un viaje de unos 45 minutos. No partes con los minutos "contados" con exactitud, es raro, pero puedes estar ahí más o menos tiempo dependiendo de los lugares que visites. Es así nada más, yo no puse las reglas.
  • Cuando inicias el camino de regreso, debe ser lento. La restricción de moverte lento, no aplica para el regreso. Pero es un engaño, una burla de ese mundo a la agitación e impaciencia con que vivimos día a día en el nuestro. Hace años algunas personas descubrieron que si regresas rápido, en cuestión de horas morirás en tu mundo. Gracias a ellos hoy sabemos que el regreso debe ser un lento ritual sagrado.
  • No puedes traer ningún ser vivo de regreso contigo. Ni plantas, ni animales. Morirían.
  • No debes molestar a los de allá. No es que no se pueda, pero te arriesgas a que alguno de los fuertes te recuerde que eres un visitante no invitado y que ellos son dueños de casa. Y, créeme, no quieres medir tu fuerza con un rival cuando sabes que eres por mucho el más lento y torpe del lugar.
A veces da un poco de susto. No hay sonido. No es que no puedas escuchar, es que simplemente hay un silencio sepulcral. Hay poca luz, sientes frío en el rostro y las manos. Te mueves más lento que cualquiera ahí y de repente te sientes indefenso o, más bien, te encuentras a ti mismo indefenso en un mundo ajeno. Pero nunca me ha pasado nada. Si sigues las reglas, estará todo bien.

Mi primer viaje fue maravilloso. Aparecí en medio de un bosque de sauces. El suelo era muy claro, café claro, casi blanco. Y los sauces eran de un tono café oscuro, pero las ramas colgaban hacia arriba, como tratando de alcanzar los espejos, y bailaban muy lento una danza extraña con una sincronía perfecta. Todas las ramas hacia la derecha, uno, dos segundos y luego todas las ramas hacia la izquierda. En cámara lenta.

Otra vez aparecí rodeado de unas rocas rojas que... tenían antenitas por todo el borde. Me costó entender qué pasaba porque se escondían las antenas si yo me acercaba. Eran unos pequeños animalitos que vivían entremedio y debajo de esas rocas. Muy tímidos, pero igualmente curiosos.

Cuando tu tiempo en ese lugar está por llegar a su fin, recuerdas de dónde vienes deseando quedarte donde estás, pero sabes que tienes los minutos contados y si sigues ahí morirás. En menos de un segundo se te viene a la mente que debes volver a atravesar los espejos anhelando regresar en alguna otra oportunidad al mundo donde flotas. ¡Los espejos!  Recuerdas que existen. Miras hacia arriba, hacia los espejos del cielo, y ya no son espejos, o tal vez son como los anteojos polarizados: por un lado son espejos y por el otro son como cristales de colores. Ves arriba un vitral hermoso y armónico entre celeste, índigo y transparente. Trozos de cristal individuales, unidos formando una malla infinita que se mueve para jugar con la luz e hipnotizarte con su belleza y piensas por qué no miraste antes hacia arriba.

Tu compañero te vuelve a hacer la señal de que deben volver. Quieres decirle que no y sabes que él tampoco quiere regresar. Pero si no respetas la regla del tiempo puedes morir. Das la señal de aprobación e inician el vuelo de regreso. 

A medida que subes hacia los espejos te hacen cosquillas las burbujas de los que vuelan debajo tuyo y le haces la misma travesura a los que están más arriba. Finalmente tu cabeza atraviesa el manto de espejos y reconoces, con tranquilidad en el corazón, el mundo que te vio nacer.

Con la mitad del cuerpo en el mundo de arriba y la otra mitad en el mundo de abajo, te sacas el equipo que te permitió vivir bajo los espejos y se lo pasas al capitán de la embarcación. Él pacientemente esperó todo ese tiempo a que los viajeros terminaran su jornada. Sin él no hubiera habido viaje.

Subes al bote y ayudas a los compañeros que vienen recién llegando. Ves caras de felicidad y satisfacción. Todos mojados hasta el último centímetro de nuestros cuerpos y con gusto a sal en la boca. Conversas fascinado con los demás sobre las cosas que encontraron, bebes un poco de agua sin sal mientras que el sol y el viento en el rostro te dan la bienvenida a la realidad.

viernes, 28 de marzo de 2014

Podemos conversar de...

Podemos conversar sobre tres tipos de tema:
  1. Personas
  2. Cosas
  3. Ideas
Encontramos personas que se cargan más a uno de estos tres tipos, así como familias, barrios, ciudades e incluso países.

Si pensamos en ciudades, nos damos cuenta de que el tipo de conversaciones que predomina tiene relación con la presencia de universidades, centros de estudio superior e intercambio cultural. Es así como en las ciudades más grandes de un país, donde hay más universidades, se habla más de ideas y menos de personas; en comparación con pueblos pequeños.

Pero si comparamos la capital de Chile con las capitales de otros países, nos vemos en una clara desventaja ...debido a la geografía.

No sólo estamos lejos de países culturalmente distintos, sino que además estamos en un lugar de difícil acceso:
  • Al norte: un desierto gigante
  • Al este: la segunda cadena montañosa más alta del planeta
  • Al sur: un bosque denso con indios rebeldes y después, hielo
  • Al oeste: un océano eterno de casi medio planeta de largo
Entonces, al margen del nivel educacional promedio (expuesto más arriba), si nos comparamos con países similares como Perú y Colombia, vemos una clara diferencia en el intercambio cultural.

Todos hablamos de los tres tipos de temas. Uno no es mejor que otro: son temas de conversación, si no los disfrutas, cambias el tema. El punto en este posteo fue demostrar cómo la geografía logra afectar algo tan simple como los temas de conversación de un grupo de personas.

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martes, 11 de marzo de 2014

EPDLA 2: El Gimnasio de Toribio

El Pueblo de los Animalitos
Cuentos para niños

Cuento 2:  El Gimnasio de Toribio

Sentadas en una banca en la plaza la Señora Gordolina y la Señora Hipocondria miraban a los pequeños jugar. Eran amigas desde pequeñas y les encantaba sentarse a conversar y comerse un helado de barquillo o un chocolate.

Esta vez Hipocondria estaba un poco pensativa. Miró en el cielo una nube con forma de pastel, suspiró y le dijo a su amiga - "¿Sabes, Gordolina? Últimamente he tenido algunos problemas por mi peso. Estoy un poquito gorda y hace unos días me senté en una silla y se rompió. Además me canso mucho al caminar y me duelen las rodillas".

"¡Oh, sí! Te entiendo muy bien". - Repuso Gordolina - "El otro día yo me quedé atascada en un puerta. ¡Imagínate! No cabía, no podía pasar. Me tuvieron que empujar ¡Qué atroz!"

"Tenemos que hacer algo al respecto". - Agregó Hipocondria - "No podemos seguir así. ¿Qué te parece si vamos al gimnasio?".

Ambas miraron a un lado de la plaza. Cruzando la calle se veía el letrero gigante del gimnasio de Toribio que decía "Toribio's Power Training Gym" y partieron de inmediato a inscribirse. Entraron y vieron las bicicletas estáticas, las trotadoras, las máquinas con peso para ejercitar los músculos, el salón donde hacían aerobox, step, body combat y Zumba. También estaba el salón donde practicaban artes marciales y cerca de la barra de flexiones estaba el Señor Toribio, un toro musculoso y simpático que en cuanto las vio se acercó a darles una cordial bienvenida.

"Muy buenos días, señoras. Bienvenidas al gimnasio. ¿En qué podemos ayudarles?"

"Muy buenos días, Don Toribio. Gordolina y yo estamos un poco pasaditas en el peso y necesitamos hacer ejercicio para adelgazar".

"Ah, pues han venido al lugar correcto. A partir de mañana entrarán al Programa de Ejercicio y Cuerpo Sano para bajar de peso. Van a necesitar zapatillas, ropa deportiva, una botellita con agua y muchas ganas para hacer ejercicio y pasarlo bien".

Al día siguiente ambas llegaron al gimnasio con todo el equipo y comenzaron la preparación física. El Señor Toribio era un entrenador exigente, pero muy amistoso, así que Hipocondria y Gordolina lo pasaron muy bien. Sintieron que hicieron ejercicio de verdad y con diversión. Les gustó. Así que decidieron seguir yendo hasta lograr bajar de peso.

Luego de ese día comenzaron a ir casi todos los días de lunes a viernes, al menos por una hora.  En el gimnasio trotaban en las máquinas trotadoras, hacían ciclismo en las bicicletas estáticas, hacían algunos ejercicios con pesas. Y cuando alcanzaron una mejor condición física se inscribieron también a las clases de Aerobox y Zumba.

El Señor Toribio les enseñó qué tipo de alimentos debían comer para no engordar y mantener su cuerpo sano, por lo que cada vez que salían del gimnasio pasaban a la verdulería del Señor Montero, el caballo, y compraban muchas verduras y frutas para comer en sus casas. No dejaron de comer los pasteles y cupcakes de Don Drilo, pero sólo comían estas cosas los fines de semana y comían sólo una porción, ya no se comían el pastel completo.

Al cabo de unas semanas Hipocondria y Gordolina habían bajado muchos kilos de peso y tenían figuras esbeltas, pero mejor que eso es que se sentían súper bien. Se sentían con energía, contentas, subían y bajaban escaleras sin ningún problema, y en la plaza ya no se quedaban sentadas mirando a los niños, sino que muchas veces se ponían a jugar con ellos.

Así aprendieron que una vida sana, con ejercicio y buena alimentación les ayuda no sólo a tener un peso adecuado, sino que también les permite hacer más cosas y pasarlo mejor.




lunes, 9 de diciembre de 2013

Cómo logré que cambiara su regalo


Polo Norte, 5 de Diciembre de 2013

Querido Daniel:
 
Recibí información acerca de tu pedido de regalo de navidad. Me alegra mucho que me hayas escrito una carta, puesto que según me comentaron mis duendes, tú te has portado bien este año.
 
Sin embargo, lamento informarte que hubo un problema en una de las fábricas de juguetes electrónicos de la cual sale el juguete que pediste. Como sabrás, tenemos que preocuparnos de que los regalos sean de buena calidad, así que envié tres de mis duendes a supervisar la producción de juguetes en esa fábrica, que es de un proveedor externo.
 
 
Entonces estaban ahí mis duendes mirando y tomando nota, cuando de repente uno se resbaló porque estaba el piso mojado. Al perder el equilibrio se agarró del abrigo del duende que tenía a su lado y se cayeron los dos encima de los tarros de pintura, que estaban destapados.
 
Mancharon todo el piso y las mesas de trabajo. También mancharon al tercer duende que quedó de todos colores y se enojó tanto que fue a retarlos. Pero estaba tan enojado que no se dio cuenta de dónde pisaba, se resbaló con la pintura del suelo y se cayó encima de los otros dos. Salieron los tres rodando por todo el suelo de la fábrica llenos de pintura y de tarros, pasaron a llevar las cajas con juguetes y las cajas con baterías. Una de estas cajas cayó en el horno donde calientan las placas y apretó el botón de “Encendido al Máximo” y no te imaginas, Daniel, lo que pasó. El horno se empezó a calentar y explotó. Volaron juguetes y chispas por todas partes. A un duende se le quemó el gorro, otro salió arrancando porque se le incendiaba la cola del abrigo. El otro duende no se quemó porque había quedado metido de cabeza dentro de un tarro de pintura. Y al dueño de la fábrica se le quemó el bigote.
 
 
 
En fin, se demorarán un poco en arreglar la fábrica y mis tres duendes inspectores de fábricas están en el hospital hasta la próxima semana. Así que no tendremos de ese regalo por ahora. Tal vez para la siguiente navidad.
 
De todos modos, te cuento que tenemos muchos otros regalos a tu disposición. Puedes buscar por internet con tus papás y pídeles que me escriban para decirme cuál prefieres. Yo, desde el polo norte, me encargaré de hacer el pedido al fabricante correspondiente y te lo paso a dejar en mi trineo durante le noche de Navidad.
Lamento cualquier inconveniente que este cambio pueda causarte y espero que sigamos manteniendo buenas relaciones.
 
Que estés muy bien. Sigue siendo un buen niño.
 
Atte,
 
 
Santa Claus
 



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martes, 22 de octubre de 2013

EPDLA 1: Gordolina y los Cupcakes

El Pueblo de los Animalitos
Cuentos para niños

Cuento 1:  Gordolina y los Cupcakes

El Señor Drilo era un cocodrilo de lo más simpático que atendía la pastelería del pueblo. Preparaba cosas riquísimas con ingredientes sabrosos y coloridos. Ocupaba un sombrero de chef blanco con verde que le combinaba con su piel de cocodrilo y resaltaba su sonrisa.

Una mañana sonó su teléfono. Era la Señora Hipocondria, la hipopótamo. Estaba en su oficina al otro lado de la plaza y necesitaba una bandeja con nada menos que 60 cupcakes para la inauguración especial de la nueva campaña publicitaria de su oficina.

Los cupcakes debían ser de muchos colores. Algunos con frutillas encima, otros con moras, con frambuesas, con arándanos, y otros con trocitos de chocolate. Al Sr. Drilo le brillaban los ojos de alegría, pues preparar cosas ricas lo hacía muy feliz. Se puso manos a la obra de inmediato y Ali, su señora, también le ayudó.

Al medio día ya tenía una bandeja lista con los 60 cupcakes. Se veían deliciosos, así que el Señor Drilo decidió llevarlos caminando, de modo que todos en el pueblo vieran los coloridos cupcakes.

Miró a ambos lados antes de cruzar la calle y caminó por la plaza. Era una plaza muy linda y tranquila. Tenía juegos para los niños: columpios, resbalines, balancines y tubos de colores donde los pequeños animalitos entraban por un lado y salían por el otro. También había árboles altos que daban sombra y bancas donde las mamás podían sentarse a mirar a sus hijos.

En una de esas bancas estaba Gordolina, la chanchita mamá de Gordon y Gladys, dos chanchitos chicos y juguetones. A Gordolina, por supuesto, le encantaban las cosas dulces y era fanática de la pastelería, especialmente de las tortas de manjar. Cuando vio caminando al Sr. Drilo con esa maravillosa bandeja de cupcakes abrió unos ojos tremendos y una boca gigante. No podía creerlo. ¡Qué cosa más rica! ¡Fascinación máxima!

Se levantó de inmediato y salió corriendo hacia el Sr. Drilo. Él, cuando la vio, pensó "¡Oh, no, aquí viene Gordolina! Pero estos cupcakes no son para ella ¡¿Qué hago?!". No sabía hacia dónde ir. Se le venía Gordolina como loca y quién sabe si iba a tratar de comerse los cupcakes de la Sra. Hipocondria.

Ella se detuvo frente a él con una sonrisa de fascinación y apuntó con su patita los cupcakes hablando muy muy rápido con voz aguda - "¡Oh, Señor Drilo, qué cupcakes más lindos! Deben estar deliciosos ¿Cierto que sí? Usted siempre hace cosas muy ricas. Ricas ricas ricas. Y a mí me encantan los cupcakes. Pero mire esa cremita deliciosa. ¡Y tienen frutillas, moras, frambuesas, arándanos y chocolatitos! ¡Oh, qué rico! ¡Me desmayo de la emoción, Señor Drilo! ¿Puedo probar uno? Sólo una puntita. Un pedacito de cremita. ¿Señor Drilo, cierto que sí? ¿Cierto que sí? ¿Cierto que sí? ¿Cierto que sí?!".

Demasiadas palabras y demasiado rápido. El Señor Drilo se puso nervioso y al ver que ella acercaba su patita a los cupcakes, dio un paso atrás. Pero se tropezó con una piedra. La bandeja de cupcakes salió volando hacia arriba. Todos los niños de la plaza miraron sorprendidos cómo subían los 60 cupcakes y luego caían, justo justo justo encima de Gordolina.

Quedó de piés a cabeza bañada en crema, frutillas, moras, frambuesas, arándanos y chocolate. El Señor Drilo en el suelo se reía, igual que los niños. Pero la Señora Gordolina era la más feliz de todos. Se pasaba la lengua al rededor de la boca tratando de alcanzar la crema. Se sacó la crema y un par de frutillas que le tapaban los ojos y se las comió. Se pasó la lengua por el brazo para comerse los trocitos de chocolate. ¡Estaba feliz! ¡Feliz como una lombriz!

- "Señora Gordolina", dijo el Sr. Drilo. - "Mejor vaya a su casa a ducharse. ¡Quedó llena de crema!".
- "Oy, sí, sí. Voy, pero tengo que comerme todo esto. Señor Drilo, sus cupcakes son lo más rico del planeta. Casi casi tan ricos como la torta de manjar. Se los voy a pagar todititos porque me los voy a comer todititos".

El Señor Drilo regresó caminando rápido a su pastelería para preparar de nuevo los cupcakes para la Sra. Hipocondria. Se reía y pensaba "Esta Señora Gordolina es muy divertida, pero es un peligro si me ve con pasteles en la calle, ja ja ja. Creo que mejor le llevo en auto los nuevos cupcakes a la Sra. Hipocondria". 


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miércoles, 16 de octubre de 2013

Para Saber y Contar

Cambio de Título: Mi blog antes se llamaba "Opiniones Varias e Ideas Locas", pero no me venía mucho el nombre. Ideas locas, escribí sólo un par. Opiniones varias, es un tanto limitado como para el espectro que trato.

Para Saber y Contar

En mi historia de lector el libro que más me ha impactado es uno que recibí en uno de mis primeros cumpleaños, cuando recién estaba tomando el ritmo de este maravilloso baile de letras. Se llamaba "Cuentos de las mil y una noches", perteneciente a la colección de sólo dos tomos "Para Saber y Contar". Esta adaptación de cuentos de las mil y una noches fue escrita por el Sr. Hugo Montes y tenía unas ilustraciones maravillosas del Sr. Vittorio di Girolamo. Editado en el año 1968.

Por mi ascendencia árabe y curiosidad por esta cultura, entré de inmediato en sintonía con el libro. Lo leía, miraba sus dibujos, pedía que me lo leyeran, una y mil veces.

Perdí el libro. Seguro quedó en la casa de algún familiar. Suena raro plantearlo así: "No lo extravié, sino que quedó en algún lugar que no recuerdo. Existe. Ya parecerá". Por supuesto que no era mi prioridad: yo era un niño, quería jugar, no vivir en una biblioteca. Pero nunca lo olvidé y ha sido siempre una de las principales inspiraciones al momento de redactar.

Un poco después de crear este blog comenzó mi ansiedad por el libro. Necesitaba leerlo, necesitaba recordar los cuentos que ahí había: el caballo volador, historia del dormido despierto, Farizada la de la sonrisa de rosa... Lo busqué en internet y encontré una niña que también fue influenciada por este texto cuando pequeña. Tuvo un blog un tiempo y me tomé el tiempo de leer sus posteos. Narró explícitamente su amor por la lectura, la escritura y por el libro en particular. Tanto así que estudió literatura y ahora trabaja en la Biblioteca Nacional.

¡Claro, buena idea! Busqué ahí y resulta que en la Biblioteca Nacional hay dos ejemplares de este libro. ¿Y yo? Sin ni uno solo. Me arranqué una tarde y ahí estaba. ¡Qué emoción! Lo pedí, lo tuve en mis manos. Sus dibujos, sus letras de imprenta antigua, sus colores, la textura de las hojas viejas, su olor, olor a libro de verdad. Pero no. ¡Alto! No era para mí, tenía que devolverlo...

Le tomé un par de fotografías para nunca olvidarlo, y me fui. Contento y a la vez amargado.

Bueno. Seguí leyendo y escribiendo, y cuestionándome si soy merecedor de llevar en mi blog el título "Para Saber y Contar". Aunque en el fondo pensaba que no, sabía que no, igual moría por titularlo así.

Terminé de convencerme hace poco, una tarde en que llegué del trabajo, con ganas de sólo cenar y dormir. El conserje del edificio me entrega las cartas y me pide que lo espere porque había llegado un paquete.

Era otro de los cachureos que mi señora encarga por internet. Si no es Groupon, es Amazon. Si no es Amazon, es eBay. Claro que no puedo quejarme: no se excede y son cosas baratas, al menos más baratas que comprándolas presencialmente aquí. Cuando le entregué el paquete lo miró con duda y sin entender, pero al ver el origen del envío sonrió con cara de malula y me lo devolvió.

"Esto es tuyo", me dijo.

Esa misma noche devoré con un hambre indescriptible los cuentos de "Farizada, la de la sonrisa de rosa" y "El príncipe y la tortuga".

La noche siguiente descubría que el vocabulario de Hugo Montes era demasiado amplio y complejo como para un niño de casi 4 años, por lo que me veía obligado a explicar algunas cosas o usar sinónimos simples mientras le leía en voz alta a Daniel.


 
 

Hoy sigo pensando que "Para Saber y Contar" es demasiado honor para mi blog, pero como verán no me importa. Espero no insultar a los creadores de esa colección portando su título y leyéndolo cada vez que necesito inspirarme para escribir. Hay tantas cosas detrás de esas 4 palabras.
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jueves, 30 de mayo de 2013

Frases de niños

Es raro que pasen más de dos días sin que nos sorprenda con alguna palabra mal dicha, alguna frase gramaticalmente rara, o frases demasiado cómicas.

Polela (polera), Cucaná ("nunca más", también "nunca jamás" del país de Peter Pan), Pocos (mocos), Puta (música), Kini (Reni, su amigo)...

 

P: ¿Dany, y tú sabes por qué hoydía el cielo se ve blanco?
D: ¿Y po qué no?


D: ¡Papaaaaaá! ¡A mamá a no pede abir a tapa! ¡Papáaaaaa, ayuuudaaa!
P: OK, ok... Tráemela.
(unos segundos en silencio)
D: Noooo, no, no, no!!!! A mamá a pudóoo!!!


P: ¿¡Quén es mi regalón!?
(manos a la altura del pecho, palmas arriba, codos abajo, y con demasiada seguridad en sí mismo)
D: ¿¡Quién más!?


Estacionado, por las ventanas del auto
P: No, Dany. A esa señora no. Es muy viejuja, fea y además está demasiado cerca. Mejor a las niñas que van a pasar por la vereda del frente. No, hombre, te digo que a la vieja no. Nooo.
D: ¡Coshitaaaa yiicaaaaaaaaaaaaaa!


(le damos un nuevo colado que tenía un aroma y un sabor súper intensos)
D: Mmmmmm. ¿Mamá, qués esso?
M: Es paella.
D: Nooooo :'( Es míooooo :'(


(un gorrito tipo pescador... metía un auto en su gorro y se lo ponía en la cabeza, igual como algunos vaqueros en las películas escondían pistolas chicas o cuchillos)
P: Oh, Dany! Estás guardando tu autito en un escondite secreto.
D: No. E' mi gorro.


D: Mira, Papá. U' cocolilo.
P: Peque, ese es un Dragón.
D: (Medio enojado, índice en alto) No. Eso e' u' cocolilo!!
P: Porfiado, acabamos de pasar por un restaurant chino, así que eso es un dragón chino.
D: Nooo!!! Papáaa, e' u' cocolilooo!
P: Dragón Chino!!
D: E' cocolilo, po'que cocolilo hace "uh, ah, uh, ah, se'piente sssss, conejo, topo..."
Y me cantó toda la canción de los animales para explicarme que eso SÍ era un cocodrilo.
¿Qué puede responder uno ante eso?!!

Ahora que es más grande, jugamos Play Station juntos. El juego Lego Star Wars. Íbamos súper bien en una etapa a la que nunca habíamos llegado y estaba dificilísimo. Lleno de soldados imperiales por todas partes. Entonces le digo:

P: ¡Dany, aquí está peludo!
(dejó de jugar y me miró muy serio, casi enojado)
D: ¿Y tú cómo sabes que aquí está peludo? ¿Dónde está él?


P: ¿Dany, cómo hacen los cocodrilos?
D: Así: TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC.....