miércoles, 15 de junio de 2016

La Despedida

Esta redacción se enmarca en la época de tensión entre Chile y Argentina
por la posesión de las Islas del canal Beagle en Diciembre de 1978.
Presenta una versión de lo sucedido en una de las bases de la Fuerza Aérea chilena.

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Llevaban una semana de acuartelamiento en la base aérea del aeropuerto Maquehue, a 3 Kms. de Temuco ante la alerta por el posible enfrentamiento con las fuerzas armadas argentinas.

En materia de 'dominio aeronáutico' la Fuera Aérea chilena presentaba una fuerte desventaja respecto a su par argentina debido a la topografía. La Cordillera de los Andes en el lado chileno desde las cimas más altas hasta el valle central tiene poca distancia y mucha pendiente, por lo que ante un ataque aéreo de Argentina, las Fuerzas Armadas Chilenas tendrían muy poco tiempo de respuesta.



Muy conscientes de esto, el objetivo de la escuadra era atacar la pista y los aviones de la base aérea de Zapala en el lado argentino.

Sin embargo, adicional al riesgo de muerte inherente a cualquier combate aéreo, los pilotos sabían que el combustible no alcanzaría para llegar a Zapala y regresar a Maquehue. Se había diseñado la operación para que llegaran a bombardear la base argentina y con el último aliento de combustible crucen de regreso la frontera y logren eyectar en el lado chileno. Pero si se veían en la necesidad de gastar combustible por combatir aire-aire ('dog fight') o eludir fuego antiaéreo, fácilmente podría no alcanzarles el combustible para caer en el lado chileno.


El kit de salvamento instalado en los aviones tenía lo necesario para alimentarse unos pocos días y llevaban suficiente armamento para defenderse en caso de que fuese necesario combatir en tierra luego de eyectar.


Los pilotos se preparan para esto durante toda su carrera militar, pero nadie en su sano juicio anhela morir, mucho menos si piensan en sus familias. Y estos hombres habían estado toda una semana en alerta con tiempo suficiente para pensar en sus vidas.

Sombrío era el clima que rodeaba a los efectivos de la base aérea cuando el 22 de Diciembre se dio la alerta debido a que Argentina inició la movilización de sus tropas. Todos los pilotos corrieron a sus aviones. Conocían el plan, conocían el riesgo y estaban dispuestos a sacrificarlo todo.

El Capitán Canales, de 34 años de edad, tenía entre otras la función de remover los PINs de seguridad de las bombas de los aviones. Si estos PINs permanecían en su lugar, las bombas no se desprenderían de los aviones.

Avión por avión, bomba por bomba, se aseguraba de que todo estuviera listo para que sus amigos pudieran cumplir su misión. Con una mirada triste les transmitía un "Todo listo" y ellos casi sin expresión facial, desde la cabina, le devolvían el gesto pensando en todos esos años de amistad, todas esas risas, juegos de póker, aventuras, paradas militares, desfiles, vuelos... ¿Nos volveremos a ver? ¿Seré yo quién deba avisarle a tu familia si hay una tragedia? Uno por uno, todos sus amigos... Barrientos, Topali, el Chafelo Marambio, Rodolfo Ugarte, Sergio Canales... el Teniente Canales, su hermano menor, de 30 años.

Removía los PINs de seguridad de las bombas del avión de su hermano y se aseguraba de que estuvieran mejor que nunca, que el avión y su equipamiento fueran lo único que no representara preocupación para él en esa misión.

- "No me hagas tener que ir a la casa a darle una mala noticia a la vieja. Perdería dos familiares de una vez" - Pensó el Capitán con un nudo en la garganta y lo miró a los ojos desde abajo cuando terminó.

Los pilotos estaban listos para despegar. Sólo faltaba la orden. 15 minutos, 30 minutos, una hora, una hora y media... Crecía y crecía la tensión. Si no morían en combate esos pilotos iban a terminar muriendo de ansiedad en la pista.

- "Bájense de los aviones. Hoy no será el día" - La orden del comandante sonó en toda la base aérea. Nunca se sabrá cuántas vidas fueron salvadas por la intervención papal ese 22 de Diciembre de 1978.

Algunos pilotos bajaban muy lento y mantenían el casco para que no les vieran las lágrimas. El personal de tierra salía a la pista a recibir a "los que siguen vivos", a los que vuelven a ver, a quienes los acompañarán en quién sabe cuántas historias más.

Ninguno regresó a casa. Esa misma noche todos los efectivos se juntaron en el casino de la base aérea a celebrar como se celebra el "estar vivo". 143 botellas de vino fueron vaciadas, una por persona, 36 de pisco y no pudieron contar las de ron.


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