miércoles, 16 de octubre de 2013

Para Saber y Contar

Cambio de Título: Mi blog antes se llamaba "Opiniones Varias e Ideas Locas", pero no me venía mucho el nombre. Ideas locas, escribí sólo un par. Opiniones varias, es un tanto limitado como para el espectro que trato.

Para Saber y Contar

En mi historia de lector el libro que más me ha impactado es uno que recibí en uno de mis primeros cumpleaños, cuando recién estaba tomando el ritmo de este maravilloso baile de letras. Se llamaba "Cuentos de las mil y una noches", perteneciente a la colección de sólo dos tomos "Para Saber y Contar". Esta adaptación de cuentos de las mil y una noches fue escrita por el Sr. Hugo Montes y tenía unas ilustraciones maravillosas del Sr. Vittorio di Girolamo. Editado en el año 1968.

Por mi ascendencia árabe y curiosidad por esta cultura, entré de inmediato en sintonía con el libro. Lo leía, miraba sus dibujos, pedía que me lo leyeran, una y mil veces.

Perdí el libro. Seguro quedó en la casa de algún familiar. Suena raro plantearlo así: "No lo extravié, sino que quedó en algún lugar que no recuerdo. Existe. Ya parecerá". Por supuesto que no era mi prioridad: yo era un niño, quería jugar, no vivir en una biblioteca. Pero nunca lo olvidé y ha sido siempre una de las principales inspiraciones al momento de redactar.

Un poco después de crear este blog comenzó mi ansiedad por el libro. Necesitaba leerlo, necesitaba recordar los cuentos que ahí había: el caballo volador, historia del dormido despierto, Farizada la de la sonrisa de rosa... Lo busqué en internet y encontré una niña que también fue influenciada por este texto cuando pequeña. Tuvo un blog un tiempo y me tomé el tiempo de leer sus posteos. Narró explícitamente su amor por la lectura, la escritura y por el libro en particular. Tanto así que estudió literatura y ahora trabaja en la Biblioteca Nacional.

¡Claro, buena idea! Busqué ahí y resulta que en la Biblioteca Nacional hay dos ejemplares de este libro. ¿Y yo? Sin ni uno solo. Me arranqué una tarde y ahí estaba. ¡Qué emoción! Lo pedí, lo tuve en mis manos. Sus dibujos, sus letras de imprenta antigua, sus colores, la textura de las hojas viejas, su olor, olor a libro de verdad. Pero no. ¡Alto! No era para mí, tenía que devolverlo...

Le tomé un par de fotografías para nunca olvidarlo, y me fui. Contento y a la vez amargado.

Bueno. Seguí leyendo y escribiendo, y cuestionándome si soy merecedor de llevar en mi blog el título "Para Saber y Contar". Aunque en el fondo pensaba que no, sabía que no, igual moría por titularlo así.

Terminé de convencerme hace poco, una tarde en que llegué del trabajo, con ganas de sólo cenar y dormir. El conserje del edificio me entrega las cartas y me pide que lo espere porque había llegado un paquete.

Era otro de los cachureos que mi señora encarga por internet. Si no es Groupon, es Amazon. Si no es Amazon, es eBay. Claro que no puedo quejarme: no se excede y son cosas baratas, al menos más baratas que comprándolas presencialmente aquí. Cuando le entregué el paquete lo miró con duda y sin entender, pero al ver el origen del envío sonrió con cara de malula y me lo devolvió.

"Esto es tuyo", me dijo.

Esa misma noche devoré con un hambre indescriptible los cuentos de "Farizada, la de la sonrisa de rosa" y "El príncipe y la tortuga".

La noche siguiente descubría que el vocabulario de Hugo Montes era demasiado amplio y complejo como para un niño de casi 4 años, por lo que me veía obligado a explicar algunas cosas o usar sinónimos simples mientras le leía en voz alta a Daniel.


 
 

Hoy sigo pensando que "Para Saber y Contar" es demasiado honor para mi blog, pero como verán no me importa. Espero no insultar a los creadores de esa colección portando su título y leyéndolo cada vez que necesito inspirarme para escribir. Hay tantas cosas detrás de esas 4 palabras.
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jueves, 30 de mayo de 2013

Frases de niños

Es raro que pasen más de dos días sin que nos sorprenda con alguna palabra mal dicha, alguna frase gramaticalmente rara, o frases demasiado cómicas.

Polela (polera), Cucaná ("nunca más", también "nunca jamás" del país de Peter Pan), Pocos (mocos), Puta (música), Kini (Reni, su amigo)...

 

P: ¿Dany, y tú sabes por qué hoydía el cielo se ve blanco?
D: ¿Y po qué no?


D: ¡Papaaaaaá! ¡A mamá a no pede abir a tapa! ¡Papáaaaaa, ayuuudaaa!
P: OK, ok... Tráemela.
(unos segundos en silencio)
D: Noooo, no, no, no!!!! A mamá a pudóoo!!!


P: ¿¡Quén es mi regalón!?
(manos a la altura del pecho, palmas arriba, codos abajo, y con demasiada seguridad en sí mismo)
D: ¿¡Quién más!?


Estacionado, por las ventanas del auto
P: No, Dany. A esa señora no. Es muy viejuja, fea y además está demasiado cerca. Mejor a las niñas que van a pasar por la vereda del frente. No, hombre, te digo que a la vieja no. Nooo.
D: ¡Coshitaaaa yiicaaaaaaaaaaaaaa!


(le damos un nuevo colado que tenía un aroma y un sabor súper intensos)
D: Mmmmmm. ¿Mamá, qués esso?
M: Es paella.
D: Nooooo :'( Es míooooo :'(


(un gorrito tipo pescador... metía un auto en su gorro y se lo ponía en la cabeza, igual como algunos vaqueros en las películas escondían pistolas chicas o cuchillos)
P: Oh, Dany! Estás guardando tu autito en un escondite secreto.
D: No. E' mi gorro.


D: Mira, Papá. U' cocolilo.
P: Peque, ese es un Dragón.
D: (Medio enojado, índice en alto) No. Eso e' u' cocolilo!!
P: Porfiado, acabamos de pasar por un restaurant chino, así que eso es un dragón chino.
D: Nooo!!! Papáaa, e' u' cocolilooo!
P: Dragón Chino!!
D: E' cocolilo, po'que cocolilo hace "uh, ah, uh, ah, se'piente sssss, conejo, topo..."
Y me cantó toda la canción de los animales para explicarme que eso SÍ era un cocodrilo.
¿Qué puede responder uno ante eso?!!

Ahora que es más grande, jugamos Play Station juntos. El juego Lego Star Wars. Íbamos súper bien en una etapa a la que nunca habíamos llegado y estaba dificilísimo. Lleno de soldados imperiales por todas partes. Entonces le digo:

P: ¡Dany, aquí está peludo!
(dejó de jugar y me miró muy serio, casi enojado)
D: ¿Y tú cómo sabes que aquí está peludo? ¿Dónde está él?


P: ¿Dany, cómo hacen los cocodrilos?
D: Así: TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC.....

martes, 7 de mayo de 2013

El mismo error una y otra vez

Tiene un problema y pide consejo. Pide un consejo real, no de esas conversaciones tipo "necesito que me escuchen, nada más", así que pones tu mente al 100% analizando la situación y tratando de ser imparcial.

Cuando es un rollo de parejas: Si eres hombre, te esfuerzas para "traducir a mujer" lo que interpretas de la conducta de otro hombre. Si eres mujer, traduces a hombre lo que interpretas de las palabras de otra mujer.

Cuando es un problema del trabajo es conveniente tener varios años de experiencia laboral de modo que des un consejo con una buena base.

Así seguiríamos por siempre con distintos tipos de casos. Pero resumiendo, lo importante es que uno de verdad se esfuerza por analizar, entender, opinar y tratar de ayudar con algún buen consejo.

¿Pero qué pasa cuando esa persona hace exactamente lo que le dijeron que no debía hacer? ¿Qué pasa cuando comete una y otra vez el mismo error?

Personalmente ¿Saben? Me esfuerzo. Y de verdad me preocupo por las personas, me preocupo más de la cuenta. ¿Qué pasa entonces con el consejero cuando parece que le estuvo hablando a una muralla?
¿Se frustra? ¿Se aburre? ¿Se cansa?



Entender la mente de las personas es difícil y al mismo tiempo interesante. Entender a alguien que comete el mismo error una y otra vez? ...se puede. ¿Entender la mente de alguien que, a pesar de que le advirtieron, comete el error varias veces? ...sólo un profesional.

Rechazo la alternativa de abandonar a mis amigos, pero el tema de los consejos con algunas personas es infructuoso. Puede ser que ellos ni siquiera lo sepan, pero tal vez lo que necesitan no es un consejo, sino atención, o compañía, o aprender por su cuenta.

Tenemos todos un largo camino por delante. Para ser buenos consejeros y al mismo tiempo para no ser reincidentes de nuestros propios errores.

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Success, Failure and Fear

That TV show again. Once and again keeps putting interesting ideas in my mind.
TED Talks, Ideas Worthspreading

We're all looking for success. At work, at some sport, at school, a small project, ...in life, whatever it is... we want to succeed. It's part of our lifes.

Now here's the point:

"To succeed, we first have to loose fear at failing"

"Para ser exitosos, primero debemos perder el miedo al fracaso"

And then understand success is not free, not even cheap. It requires hardworking and make mistakes. Fail several times and learn form everyone of them to finnally succed.

We know this inside, it's just most of us haven't thought about it.

No picture today. Sorry. Short post.



viernes, 8 de febrero de 2013

Hojas secas y crujientes

De repente la conversación que comenzó por trabajo pasó a tratar las distintas expresiones del estrés y la ansiedad. Y al mencionar que la ansiedad me provocaba ganas de comer galletas, de masticar galletas crujientes, terminamos en una muy breve, pero súper grata conversación sobre el tremendo placer de... pisar hojas secas.


 
Recordando los placeres simples.
 
 


Ves una hoja muy seca en el suelo frente a ti. Una de esas hojas como la de la bandera de Canadá. Grande y crujiente...
¿Qué harás?
 
Por supuesto. Qué pregunta más tonta ¿No? ja ja ja.
 

 

Ahora... vas caminando por el parque y pareces ser la única persona en todo el lugar. Y ves un montón de esas hojas secas.
 
No hablo de un montoncito. Hablo de un montonazo de hojas. Es un cerro de hojas cafés, secas, crujientes. Un cerro que fácil te llega al ombligo.
¿Qué harás?

Aquí es cuando uno quisiera ser un niño no sólo de espíritu, sino también de apariencia.


(Tomé esta foto en el Jardín Botánico de la Universidad Austral)
Adivinen lo que hice luego de tomarla.

sábado, 2 de febrero de 2013

¿Qué pasó con esos cuentos?

En mi incansable búsqueda de entretención para mi hijo de 3 años y medio, buscando libros de cuentos, he pasado por librerías, puestos en la calle e incluso esos stands de pasillo en los supermercados. Y algo me falta, me está costando mucho encontrar cuentos clásicos en buena calidad narrativa. Me explico:
  • Hay muchos "cuentos" basados en películas de dibujos animados actuales.
  • Encontré cuentos clásicos en adaptaciones pésimas. Por ejemplo, vi un cuento de 10 páginas de "Aladino y la lámpara maravillosa" con personajes chinos. ¡Chinos! Un chinito encontraba la lámpara y salía un genio oriental. No puedo creerlo. No tengo absolutamente nada en contra de los chinos, pero ese cuento es árabe.
  • Algunos de los libros buenos que vi, bien escritos y con las ilustraciones justas, estaban escritos en español de España. Comprenderán que es difícil contarle a un niño de 3 años un cuento con palabras que en Chile no se usan.
  • Había compilaciones temáticas de varios cuentos cortos, pero que los habían acortado a tal punto que casi habían dejado de ser los cuentos originales.
Por supuesto que encontré libros buenos en mi búsqueda, pero tenían precios que me daban dolor de estómago.

En fin... me pregunto ¿Qué pasó con esos cuentos clásicos tan buenos que había cuando yo era un niño?

Había libros en todos los tamaños con adaptaciones de novelas excelentes. Cuentos para niños de las novelas de Emilio Salgari, de Julio Verne. Cuentos típicos como Blanca Nieves, Hansel y Gretel, Caperucita Roja.

Mi favorito, lejos, era el libro "Para saber y contar: Cuentos de las mil y una noches", escrito (adaptado) por Hugo Montes, con ilustraciones de Vittorio di Girolamo. Aquí había unos 4 o 6 cuentos de las mil y una noches con un estilo narrativo excelente y muy fácil de digerir. El hecho de saber que tengo ascendencia árabe hacía que más me gustara. ¿Dónde habrá quedado mi libro?

Seguiré buscando. En una de esas incluso podría encontrar mi libro favorito en el barrio San Diego.

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miércoles, 21 de noviembre de 2012

La ventana del alma


El centro de santiago es otro cuando cae la noche. Sus calles, sus edificios antiguos, sus luces, su gente.

No era mucho lo que me quedaba por hacer. A pesar de mi rápido caminar disfrutaba la vista de la plaza de armas a mi derecha y la catedral a la izquierda. Qué gente más rara e interesante había por ahí. Qué místico era el ambiente. La poca luz, el aire frío y una briza de silencio le daban un aire especial al lugar.

Opacos y al mismo tiempo brillantes. No sé, no puedo definir mejor los ojos de aquella niña. Debe haber tenido unos 25 a 28 años, pero lucía tan indefensa y triste que era simplemente una niña.

Abrazaba a su hija pequeña que debe haber tenido 2 años. La abrazaba con ambos brazos, muy pegada a su cuerpo, pero sin apretarla. ...tal vez como lo haría una madre que se aferra a lo único que tiene en la vida. La pequeña, silenciosa, no parecía entender ni darle significado a las frágiles lágrimas que hacían brillar los ojos y lentamente recorrían las mejillas de su madre.

No había desesperación, no había ansiedad, tampoco miedo. Era la expresión más pura de tristeza que he visto jamás. Tristeza y silencio, en unos ojos que expresaban todas las emociones sin pedirle permiso a su dueña. Caminaba en sentido contrario, lento, casi tocando el muro de la catedral. Eludía silenciosamente a las pocas personas que había. Pero la vi. La vi y me congelé. Me miró a los ojos. Se dio cuenta de que me fijé en ella, pero siguió su camino.

Tardé un segundo en despertar y volteé a verla. Me acerqué y giró para verme.

"¿Estás bien?" Qué pregunta más estúpida, dada la situación. No esperé a que respondiera y de inmediato pregunté "¿Te puedo ayudar?". Agradeció un poco con los ojos mientras negaba con la cabeza. Tranquila, pero con una tristeza tan grande que no cambiaría por que un extraño le ofrezca ayuda. Sus labios cerrados, en un tierno e infructuoso intento de sonreír que mi corazón agradeció.

Insistí "¿Te puedo ayudar en algo?". Inconscientemente puse mi mano en su brazo, casi en su hombro "¿Te puedo ayudar en algo, cualquier cosa?". Y algo se quebró en su interior. Lo vi, lo sentí y morí de pena en ese segundo. Apretó suavemente los labios para no dejar escapar eso que comenzó a gritar en su interior, pero sus ojos tenían vida propia y no podía controlarlos. Se humedecieron muchísimo y al parpadear corrieron dos lágrimas cálidas por sus mejillas. Nuevamente negó con la cabeza. No iba a hablar. No podía. Se hubiera roto en un llanto desesperado si hubiese abierto la boca para decir una sola palabra.

Claramente ella no quería hacer un show. No era una niñita que necesitaba llamar la atención. Su problema era más maduro que eso... y era suyo.

Yo... yo no sabía qué hacer. Abrazarla, hablarle más, acompañarla. Por otra parte tampoco debo invadir su espacio. Recordé que "soy un extraño". No sabía qué hacer. No sabía nada de nada. Comencé a desesperarme. Pensé "Déjame ayudarte. O acompañarte un poco...". Pero ya se estaba alejando. Soy un tonto. ¡Soy un tonto!

¿¡Por qué fui tan estúpido!? ¿Por qué no insistí? ¿Por qué la dejé irse?!! ¿¡Por qué no pensé más rápido!? La ayuda es como un beso a la mujer que te gusta: jamás debes preguntar estupideces como "¿Te puedo dar un beso?". Simplemente te acercas, cierras los ojos y besas. Si aceptan tu beso, bien. Si no, ahí se verá qué hacer. ¡Se actúa, no se pregunta!

No entiendo por qué la dejé irse. Seguí mi camino con la mente en su imagen, sin prestar atención a nada más.

Pobrecita. Lo lamento tanto. Me duele tanto. Me siento tan mal por no haber podido ayudarla, tan impotente, pequeño, tonto.
Fue una escena tan triste. Tenía unos ojos tiernos llenos de pena.