Mostrando entradas con la etiqueta Rubén Darío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rubén Darío. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de abril de 2011

Rubén Darío y su poema a Margarita Debayle

Félix Rubén García Sarmiento nació en 1867, en Nicaragua, y es considerado uno de los más altos exponentes del Modernismo literario de nuestra lengua.

Al leer su biografía vemos que su infancia fue un tanto difícil. Su madre abandonó a su padre por alcohólico, vivió la mayor parte de su niñez con sus tíos. Al parecer quería más a sus tíos que a sus padres (y con toda razón), al punto de que en el colegio firmaba con el apellido de su tío.

Si bien su apellido en los registros del gobierno y la iglesia siempre fue "García", firmaba con el apellido "Darío", puesto que su tatarabuelo, de nombre "Darío", era tan conocido y querido en su pueblo que toda la gente llamaba a la familia "los Daríos". Esto tuvo un efecto patronímico en su descendencia hasta que adoptó carácter legal.

Su gusto por las letras lo acompañó desde muy pequeño, llevándolo a publicar obras desde los 13 años de edad, con lo que ganó renombre como "poeta niño".

Alrededor de los 14 años comenzó sus viajes por diferentes países, ya sea llevado por otras personas o en busca de trabajo. Chile tuvo el honor de su visita en 1886 (21 años de edad). En memoria de su paso por nuestro país, se levantó un pequeño monumento en el Parque Forestal de Santiago, que seguramente muchos de nosotros hemos visto más de una vez sin saber a quién homenajeaban esas letras. Leí en su biografía de Wiki que trabajó en el diario "La Época" y que los aristócratas se burlaban de él por el tinte de su piel. No puedo confirmar ni desmentir esto último, pero ojo con lo que leemos en Internet, pues en el caso de la biografía de Wiki, se nota que hay un sesgo muy fuerte en el autor, que al parecer le otorga algo de parcialidad a su escritura.

El resto de su vida tiene muchos pasos por diferentes países, pero no quiero mencionar nada más de esto y me salto directamente a lo que me tiene escribiendo en este segundo.

En el año 1908, Rubén Darío fue invitado a a la casa de veraneo de la familia Debayle, en la Isla del Cardón, Nicaragua. Esta familia de origen francés era una de las más poderosas a nivel político en Nicaragua. En esa época el gobierno del país estaba en esta familia.

Fue ahí donde, sentado sobre una roca en la playa, escribió una magnífica obra a una pequeñita de tan sólo 8 años de edad llamada Margarita. Margarita Debayle.

Margarita Debayle tuvo la vida que tendría cualquier persona cuya familia está íntimamente ligada a la política en un país donde la democracia no es tan pura como los griegos hubieran querido. Viajó mucho, estudió en Europa, regresó a Nicaragua, se casó con alguien de familia política, fueron desterrados con el cambio de gobierno, hubo muertes "políticas" en su familia, etc.

Me sorprendí muchísimo al saber que murió a los 83 años, en 1983, cuando "yo ya existía". La niña que voló para tomar una estrella, no era tan antigua como yo pensaba, y alcanzamos a vivir juntos, por 5 años, en el mismo planeta.

Retomando el tema de Rubén Darío, al investigar las últimas décadas de su vida lamenté notar la estrecha relación que hay entre muchos escritores famosos y la política. Especialmente la política turbulenta. Por una parte "me da lata", y por otra... la verdad es que no me afecta en la medida que sus obras literarias no se carguen hacia la política.

La muerte de Rubén Darío es interesante y casi "romántica", si se le puede asignar tal adjetivo a algo como la muerte. Escribió su autobiografía en 1912, presentando los primeros indicios de su obsesión con la muerte (trató de suicidarse dos años antes). Golpeado y cansado por un alcoholismo avanzado, regresó a Nicaragua en 1916, a la ciudad de su infancia donde murió menos de un mes después de llegar... Casi como si hubiera querido regresar ahí para morir tranquilo.

.

lunes, 18 de abril de 2011

A Margarita Debayle

En mi próximo posteo comentaré algunas cosas muy muy interesantes acerca de este poema, acerca de Margarita Debayle, y acerca de Rubén Darío.

Por ahora sólo les dejo esta entretenida y soñadora obra que me aprendí de memoria antes de haber cumplido los 10 años de edad. Me la aprendí sólo gracias a que algunos lectores expertos me narraban la historia incanzable y pacientemente ...una y otra vez.

Si se lo leen a alguien, recuerden que a los niños les/nos gusta cambiar el nombre de la protagonista. Fernandita, Marcelita, Andreíta, Rafaela.


A Margarita Debayle
(Rubén Darío)


Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vió una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fué la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fuí a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."

Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fuí no sé por qué;
por las olas y en el viento
fuí a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.


.